Por qué se te duermen las manos o los pies
A casi todo el mundo se le ha dormido una mano por dormir encima de ella, o un pie por llevar un buen rato con las piernas cruzadas. Ese hormigueo tiene nombre: parestesia. Y en la inmensa mayoría de los casos no tiene nada que ver con la microcirculación de la sangre, sino con un nervio.
Lo que pasa de verdad: es el nervio, no la sangre
Un nervio periférico va pegado a huesos, músculos y articulaciones en todo su recorrido. Si le cae encima un peso sostenido —tu propio cuerpo dormido, una postura cruzada, apoyar el codo en el borde de una mesa— deja de transmitir bien la señal durante un rato. Cuando se libera la presión, el nervio se reactiva de golpe, y ese hormigueo molesto es la señal volviendo a funcionar, no un problema de riego.
Es distinto de lo que ocurre cuando de verdad falla la microcirculación: ahí lo que notas es más frío, palidez o un color azulado en la piel, no solo el cosquilleo.
Cuándo es solo postura
- Aparece siempre en la misma zona y con la misma postura (dormir de lado, cruzar las piernas, apoyarte en el codo).
- Se te pasa en menos de un minuto al cambiar de postura.
- No deja ningún rastro: ni dolor, ni debilidad, ni cambio de color.
Cuándo conviene ver a un médico
- Se repite muchas noches en la misma mano, sin que la hayas comprimido de forma evidente.
- Va acompañado de debilidad, de que se te caigan las cosas de la mano, o de que te cueste sujetar objetos pequeños.
- Es en un solo lado del cuerpo y aparece de golpe, sobre todo si viene con dificultad para hablar o para mover la cara: eso es una urgencia, no algo para consultar con calma.
- No se te pasa al cambiar de postura y dura horas.
Un hormigueo puntual y explicable por la postura no es motivo de alarma. Uno que se repite sin motivo aparente, sí merece que te lo mire un médico: puede venir de un nervio atrapado (el túnel carpiano es el ejemplo típico en la mano), de la espalda, o de otras causas que conviene descartar, no adivinar.


