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Ramón Fandos Socio de BEMER y Creador de contenido Comprar

Hidratación y circulación

Ramón Fandos Creador de contenido 2 min de lectura

La sangre es, por volumen, sobre todo agua. Así que la hidratación y la circulación están conectadas de una manera muy directa: cuánta agua llevas en el cuerpo afecta a cómo de fácil le resulta a la sangre moverse por los vasos más pequeños.

Qué le hace la deshidratación a la sangre

Cuando el cuerpo tiene poca agua, reduce el volumen de plasma —la parte líquida de la sangre— y esta se vuelve más densa, más viscosa. Una sangre más espesa circula peor por los vasos más finos, que es exactamente donde ocurre la microcirculación. No hace falta una deshidratación severa para notarlo: incluso perder un 1-2% del agua corporal, algo que pasa en un día caluroso sin beber lo suficiente, ya afecta a cómo fluye la sangre.

Por qué no hay una cifra que valga para todos

Verás la recomendación de "dos litros al día" en todas partes, pero es una simplificación. Lo que necesitas depende de tu peso, de cuánto sudas, de la temperatura, de si haces ejercicio y de cuánta agua ya te llega con la comida. Un indicador más fiable que cualquier cifra fija es el color de la orina: si es de un amarillo claro, vas bien; si es oscura y concentrada, te falta agua.

Cuándo se nota más

  • Días de calor o de ejercicio, donde se pierde más agua por el sudor de lo que parece.
  • Después del alcohol o de mucha cafeína, que aumentan la pérdida de líquido.
  • En personas mayores, que tienen la sensación de sed menos afinada y se deshidratan sin notarlo tanto.

Lo práctico

Beber de forma repartida a lo largo del día ayuda más que grandes cantidades de golpe, porque el cuerpo absorbe mejor el agua así. Y si tienes alguna condición que afecte a cuánto líquido debes tomar —problemas renales o cardíacos, por ejemplo— la pauta te la tiene que dar tu médico, no una cifra genérica de internet.

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