El tabaco y la circulación
Del tabaco se habla sobre todo por los pulmones, y con razón. Pero uno de sus efectos más rápidos, y más estudiados, es sobre la circulación: se nota en cuestión de minutos, no de años.
Lo que pasa en los primeros minutos
La nicotina estrecha los vasos sanguíneos casi de inmediato. Es un efecto medible: la temperatura de la piel en los dedos puede bajar en los minutos siguientes a fumar, precisamente porque el cuerpo reduce el flujo hacia las zonas más periféricas. Es la misma vasoconstricción que provoca el frío, pero inducida en vez de natural.
Lo que pasa con el tiempo
El monóxido de carbono del humo ocupa el sitio del oxígeno en parte de la sangre, así que cada respiración transporta algo menos de oxígeno a los tejidos. Y con años de exposición, el humo daña el endotelio: la capa interna de los vasos sanguíneos, encargada precisamente de regular cómo se abren y cierran los más pequeños, que es donde vive la microcirculación. Un endotelio dañado responde peor y de forma menos flexible.
Por qué se nota primero en las manos y los pies
Son las zonas con los vasos más finos y más alejadas del corazón, así que cualquier reducción del flujo general se nota ahí antes que en ningún otro sitio. No es casualidad que a los fumadores se les enfríen antes las manos: es el mismo mecanismo que actúa con el frío ambiental, pero sumado.
Lo que mejora al dejarlo
Es de los pocos hábitos donde la mejora es medible y relativamente rápida: la función del endotelio empieza a recuperarse en cuestión de semanas tras dejar de fumar, aunque el daño acumulado de años tarda más en revertirse del todo. Si estás en ello, o te lo estás planteando, tu médico de cabecera es el mejor punto de partida: hay apoyo real, no hace falta hacerlo solo.


